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{Super Junior - EunHae} Amor de Verano.

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{Super Junior - EunHae} Amor de Verano.

Mensaje por SoulTree el Sáb Feb 15, 2014 2:32 am

AUTORA: SoulTree
TÍTULO: Amor de Verano.
FANDOM: Super Junior.
PAIRING: EunHae.
GÉNERO: Romance, AU.
CLASIFICACIÓN: PG.
ADVERTENCIA: Ninguna.
DESCRIPCIÓN: DongHae, quien no cree en los amores de verano.  
NOTAS: Tres drabbles escritos para el concurso de fanfics: Pasiones, organizado en el foro con motivo de San Valentin.

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PRIMER VERANO.


Fue en verano. La época perfecta para un romance ideal. Para cualquier persona romántica e idealista sí lo era.  

Pero DongHae no era así. Él simplemente no creía en amores de verano, perfectos e inolvidables. Porque, ¿cómo iba a ser perfecto lo efímero, lo pasajero, lo imposible? ¿Quién podría recordar con felicidad algo que acabó cuando apenas podría haber comenzado, algo inconcluso? No, eso más bien provocaría ganas de llorar cuando se pensara en todo lo que pudo haber sido y sin embargo no fue.

Hasta que llegó quien derrumbaría todas esas ideas falaces.

Fue en Mokpo, apenas lo recuerda. Fue en la playa, su lugar favorito de todos los tiempos. Fue una noche de luna llena. Fue con el sonido del calmado oleaje.

Fue entonces cuando un hombre extraño, fuereño, guapo y de sonrisa espléndida se presentó frente e él. Sonrió, eso sí que lo recuerda, porque hizo sentir a su corazón como un maldito peluche felpudo de los que tanto se burlaba, suave y apachurrable. Dijo que estaba perdido y que necesitaba ayuda para regresar al hotel en que se hospedaba. Y él, cayendo antes esa cálida voz y  ese cabello rojizo que lucía tan bien bajo la luz de la luna, se ofreció a ayudarlo.

Caminó tan despacio como pudo. Lo miró todo lo que quiso. Le habló de tonterías inimaginables para retenerlo por más tiempo. Le regaló todas las sonrisas que había prometido no regalar a nadie. Les pidió a los benditos dioses que le permitieran volver a verlo en el momento que se despidieron. Se enamoró como un idiota en esos pocos minutos.

Tan tonto como eso. Se conocen en una noche perfecta, con el ambiente perfecto. Conoce al hombre perfecto. ¿Era real? ¿Al menos era creíble? Si lo contaba a alguno de sus amigos, seguro que lo acusaban de volver a estar soñando despierto, como siempre le ocurría.  O le harían bromas sobre los aliens abduciéndolo y poniéndole en la mente recuerdos falsos. Por eso iba a callarlo. Por eso iba a esperar a que al día siguiente sus ruegos a los dioses hubieran surtido el efecto deseado.

Y la siguiente tarde ahí estuvo de nuevo. Y la mañana después de eso, también. Y la noche siguiente, la tarde siguiente, la mañana siguiente. Uno buscaba al otro o la casualidad los ayudaba a encontrarse de nuevo. Fue así como su romance de verano comenzó.



VERANOS.


Un verano después, ahí estuvo. Dando la apariencia de que aquello iba más allá de un simple verano.

Llegó sin avisar. Un año atrás, se habían despedido con la idea de no volver a verse. A DongHae se le aceleró el corazón al verlo frente a su puerta, una tarde calurosa, sonriéndole y diciéndole hola. Se le aceleró a velocidades insospechadas cuando supo que HyukJae sólo había vuelto para verlo.

Casi por inercia, comenzaron con salidas cada tarde  a la playa, actuando como si llevaran toda una vida conociéndose.

Primero fueron caminatas cortas por la orilla del mar, luego invitaciones a comer y más tarde vinieron los regalos cursis por parte de Hyuk. El primero que DongHae recuerda, es un ramo de rosas. Y lo recuerda porque nunca pensó en recibir un regalo así, es decir, era algo que podía pensarse sólo para mujeres. Por eso se avergonzó y sonrojó como tonto, pero recibió el ramo con gusto.  Ese fue el primer regalo que recibió en un sentido amoroso.

Más tarde vinieron los abrazos al despedirse, las manos entrelazadas al caminar, las caricias tímidas, las miradas furtivas, los besos robados antes de dar media vuelta y echar a correr.

Se sentía tan bien estar enamorado, pensó DongHae.

Hasta que un día, el último día de HyukJae en Mokpo de ese segundo verano, el mayor decidió poner en palabras lo que ya estaban viviendo sin haber necesitado de ellas. La declaración de amor que DongHae había estado esperando, aunque jamás lo hubiera aceptado; no el hombre que no creía en los amores de verano.

Fue en la estación de autobuses, cuando estaban a cinco minutos de volver a despedirse con la idea de no volver a encontrarse de nuevo. Sólo que esa segunda vez, ambos deseaban que la despedida no fuera tal.

En medio del bullicio de la estación, entre la prisa de tanta gente por partir y entre miradas esquivas de parte del menor (porque no quería llorar), HyukJae tomó las manos del castaño y dejó en ellas una pequeña caja, era de chocolates. Otro regalo que hizo ruborizar las mejillas de DongHae, porque era ideal para las chicas, no para ser dado de un hombre a otro hombre.

Y las palabras llegaron inesperadas. Un te amo, seguido de un sé mi pareja, más un espera por mí, volveré. Un apasionado beso y la promesa de un tercer verano juntos.



ÚLTIMO VERANO.


Ese verano no volvió. El anterior había llegado a mitad de temporada; desde entonces debió predecir que al siguiente no volvería. Pero como no lo hizo, derramó tantas lágrimas como su dolido corazón le pidió.

Fue una dura temporada.  

Tantos veranos juntos lo habían engañado al punto de creer que un amor de verano bien podía convertirse en un amor por siempre. Uno de los que anhelaba cada vez que decía que los amores de verano eran una farsa, porque cuando decía aquello, lo que deseaba era experimentar un amor así.

Ya sus amigos le habían llenado de felicitaciones al ver que su relación con HyukJae iba viento en popa con cada verano que llegaba. Ya su hermano creía que pronto, o HyukJae se mudaría a Mokpo o bien él se iría a Seúl para vivir como una verdadera pareja debía hacerlo. Ya él estaba fascinado con la idea de pasar el resto de sus días al lado de HyukJae.

¡Qué iluso había sido! Era obvio que cuando se quejaba del amor, de los amores de verano, la razón estaba de su parte.

Se preguntó si había hecho algo mal, si él era el culpable o si es que sólo no había nacido para ser amado. Se culpó, como todos aquellos que salen heridos al término de una relación.

¿Por qué HyukJae no había vuelto? ¿Por qué no le había advertido el año anterior que no regresaría? ¿Por qué lo había llenado de ilusiones y promesas que no podría cumplir? ¿Por qué se había enamorado precisamente de él, de un foráneo que, cuando lo meditó, no conocía lo suficiente?

Fue un verano en que tuvo que despedirse de su amor por HyukJae. Fue un verano de decepción y dolor, de llanto y enojo. ¿Eso era el amor? ¿El amor se reducía a eso, a despedidas y dolor?

Él, por supuesto, no quiso guardar ese amor de veranos en su memoria como algo doloroso.

HyukJae, después de todo, lo había hecho feliz. Se había sentido amado junto a él y no era posible que eso fuese una mentira.

A pesar de todo, iba a recordar ese amor con una sonrisa en los labios. Con la esperanza de haberlo hecho eterno rota, pero con la certeza de que la felicidad sentida no era mentira. Sabiendo que los amores de verano sí eran posibles, que HyukJae había sido su mejor amor de verano.
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