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Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

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Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por Piruleta:. el Dom Ene 19, 2014 1:04 pm

¡Hola!

-Aquí, queriendo estrenar todas las secciones xD-

Aprovecho para comunicarles que actualmente tenemos 47 usuarios (¡yey!). Aunque la mayoría están en modo espía xD, espero que se animen a participar en esta actividad para toda la comunidad.

Vengo a sugerir la lectura de un libro que leí hace tiempo para inaugurar está sección.

Elegí una obra ligera y fácil de leer. Espero que sea de su agrado y la disfruten tanto como yo.


Título: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo
Autor: Mitch Albom
Género: Fantasía, Confort(?)
Sinopsis: Este relato es sobre un hombre que se llamaba Eddie y empieza por el final, con Eddie muriendo al sol. Puede parecer raro que un relato empiece por el final, pero todos los finales son también comienzos, lo que pasa es que no lo sabemos en su momento.
Editorial: Maeva
Link de descarga: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo *Hay que esperar 30 seg. para abrir el archivo y saltar la publicidad con el botón que se encuentra en la esquina superior derecha del monitor.

A pesar del título, no es ningún escrito de superación o algo sobre cómo llevar un duelo. Es una historia conmovedora que al final, deja un mensaje inspirador.

Dejo el tema abierto para inscripciones (solo respondan a este tema), ¿qué les parece mejor: comenzamos con tres o con cinco participantes?

No pediré ningún reporte específico. Solo comentaremos las impresiones de cada capítulo Smile

En cuánto se hayan inscrito un mínimo de lectores, pondré instrucciones para comenzar a leer.

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por Elfnamorada el Dom Ene 19, 2014 1:55 pm

0/ Yo me inscribo.

Sabes mejor que nadie que esta sección era casi mi punto obsesivo, tipo idea fija que no te dejaba tranquila hasta que no quedara claro que entraría... lol

Pero yo me apunto. Esperemos por quién más se anime y hasta eso lo tengo como en pendiente (?)

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por Cheka. el Dom Ene 19, 2014 3:05 pm

Yo también participo.


Estaba como tonta buscando la ficha de inscripcion, lol, estoy muy acostumbrada a HATO.

La pequeña descripción que distes me gustó, asi que…

Espero que más niñas venga y éste sea un lindo proyecto.
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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por ミJuÚ♥ el Mar Ene 21, 2014 9:22 am

Me gustó la idea de esto, así que participo.

Si entendí bien sobre la información de esta sección es de leer y dar nuestro comentario, ¿verdad? Solo dame tiempo para leerlo, no soy muy rápida. Y sobre el escrito, sinceramente me intrigó mucho la trama, yay.

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por Piruleta:. el Mar Ene 21, 2014 11:20 am

Sip. Es un círculo de lectura en donde después de leer, comentaremos varias cosillas al respecto.

Solo dame tiempo para leerlo, no soy muy rápida.
Ah, no te preocupes, yo tampoco xD; quizás la tarde de hoy o mañana por la mañana ya ponga el primer bloque que vamos a leer para que estés al tanto y te des tu tiempito Very Happy

¡Gracias por participar!

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por ☆Ariadne. el Mar Ene 21, 2014 5:53 pm

Yo también me quiero unir. /o/

Se ve interesante, espero tener el tiempo suficente para poder llevar la lectura a flote. Una pregunta, ¿Aquí se pondrá el primer capítulo, para leerlo juntas?, ¿O tenemos que descargar el libro? Perdón si suena muy tonto, pero estoy un poco confundida respecto a eso. ヽ(´□`。)ノ

Estaré pasando por acá, muy buen tema. ・ω・


Última edición por ☆Ariadne. el Mar Ene 21, 2014 7:30 pm, editado 1 vez

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por Piruleta:. el Mar Ene 21, 2014 6:43 pm


Antes que nada, muchas gracias por participar.

Oficialmente, se abre la primer sesión de lectura. Dejé el link de descarga en la ficha de presentación del libro para comodidad de todas; pero descubrí que sí puedo copiar el texto (pensé que el documento estaba bloqueado con contraseña), así que dejaré la primer parte a leer.

A partir de hoy pueden comentar al respecto. La próxima sesión será el próximo martes 28 de Enero que es cuando pondré el siguiente capítulo Very Happy

Algunas sugerencias para comentar:

  • Expectativas que tenían sobre el primer capítulo
  • ¿Qué te pareció el primer capítulo?
  • El estilo narrativo del autor
  • ¿Se entiende bien la obra o resulta complicada?
  • ¿Qué te parece el personaje principal?
  • ¿Alguna cita o citas que quieras compartir?



Capítulo 1:
El final



Este relato es sobre un hombre que se llamaba Eddie y empieza por el final, con Eddie muriendo al sol. Puede parecer raro que un relato empiece por el final, pero todos los finales son también comienzos, lo que pasa es que no lo sabemos en su momento.

La última hora de la vida de Eddie transcurrió, como la mayoría de las de los demás, en el Ruby Pier, un parque de atracciones junto a un océano gris. El parque tenía las atracciones habituales: una pasarela de madera, una noria, montañas rusas, autos de choque, un puesto de golosinas y una galería donde uno podía disparar chorros de agua a la boca de un payaso. También tenía una nueva atracción que se llamaba la Caída Libre, y sería allí donde moriría Eddie, en un accidente que aparecería en los periódicos del estado.

En el momento de su muerte, Eddie era un viejo rechoncho de pelo blanco, con el cuello corto, pecho abombado, antebrazos  gruesos  y  un  tatuaje  medio borrado del ejército en el hombro derecho. Sus piernas ya eran delgadas y con venas, y la rodilla izquierda, herida durante la guerra, la tenía destrozada por la artritis. Usaba un bastón para caminar. Su cara era ancha y estaba curtida por el sol, con unas patillas blanquecinas y una mandíbula inferior que sobresalía ligeramente y le hacía parecer más orgulloso de lo que se sentía. Llevaba un pitillo detrás de la oreja izquierda y un aro con llaves colgado del cinturón. Calzaba unos zapatos de suela de goma. En la cabeza llevaba una vieja gorra de lino. Su uniforme marrón claro era como el de un obrero, y eso era él, un obrero.
El trabajo de Eddie consistía en el «mantenimiento» de las atracciones, lo que en realidad significaba atender a su seguridad. Todas las tardes recorría el parque, comprobaba cada atracción, desde el Remolino Supersónico al Tobogán Acuático. Buscaba tablas rotas, tornillos flojos, acero gastado. A veces se detenía con los ojos vidriosos y la gente que pasaba creía que iba mal algo. Pero él simplemente escuchaba, sólo eso. Después de todos aquellos años era capaz de oír los problemas, decía, en los chisporroteos y farfulleos, y en el matraqueo de las maquinarias.

Cuando le quedaban cincuenta minutos de vida en la tierra, Eddie dio el último paseo por el Ruby Pier. Adelantó a una pareja mayor.
-Buenas -murmuró tocándose la gorra.
Ellos asintieron con la cabeza educadamente. Los clientes conocían a Eddie. Por lo menos los habituales. Le veían verano tras verano, una de esas caras que uno asocia con un sitio. En el pecho de la camisa de trabajo llevaba una etiqueta en la que se leía «EDDIE» encima de la palabra «MANTENIMIENTO», y a veces le decían: «Hola, Eddie Mantenimiento», pero él nunca le encontraba la gracia.
Hoy, resulta que era el cumpleaños de Eddie, ochenta y tres años. Un médico, la semana anterior, le había dicho que tenía herpes. ¿Herpes? Eddie ni siquiera sabía lo que era. Antes tenía fuerza suficiente para levantar un caballo del carrusel con cada brazo. Eso fue hacía ya mucho tiempo.

-¡Eddie! ¡Llévame, Eddie! ¡Llévame!
Cuarenta minutos hasta su muerte, y Eddie se abrió paso hasta el principio de la cola de la montaña rusa. Al menos una vez por semana se subía a cada atracción, para asegurarse de que los frenos y la dirección funcionaban bien. Hoy le tocaba a la montaña rusa -la Montaña Rusa Fantasma la llamaban- y los niños que conocían a Eddie gritaban para que los subiese en la vagoneta con él.
A Eddie le gustaban los niños. No los quinceañeros. Los quinceañeros le daban dolor de cabeza. Con los años, Eddie imaginaba que había visto a todos los quinceañeros vagos y liosos que existían. Pero los niños eran diferentes. Los niños miraban a Eddie -que con su mandíbula inferior saliente siempre parecía que estaba sonriendo, como un delfín- y confiaban en él. Les atraía igual que a unas manos frías el fuego. Se le sujetaban a las piernas. Jugaban con sus llaves. Eddie solía limitarse a gruñir, sin hablar nunca demasiado. Imaginaba que les gustaba porque nunca hablaba mucho.
Ahora Eddie dio un golpecito a dos niños que llevaban puestas unas gorras de béisbol con la visera al revés. Los pequeños corrieron a la vagoneta y se dejaron caer dentro. Eddie le entregó el bastón al encargado de la atracción y se acomodó poco a poco entre los dos.
-¡Allá vamos! ¡Allá vamos! -chilló un niño, mientras el otro se pasaba el brazo de Eddie por encima del hombro. Eddie bajó la barra de seguridad y, clac-clac-clac, se fueron para arriba.

Corría una historia sobre Eddie. Cuando era chaval y vivía junto a este mismo parque, tuvo una pelea callejera. Cinco chicos de la avenida Pitkin habían acorralado a su hermano Joe y estaban a punto de darle una paliza. Eddie estaba una manzana más allá, en un puesto, tomando un sandwich. Oyó gritar a su hermano. Corrió hasta la calleja, agarró la tapa de un cubo de basura y mandó a dos chicos al hospital.
Después de eso, Joe pasó meses sin hablarle. Estaba avergonzado. Él era mayor, había nacido antes, pero fue Eddie quien le había defendido.

¿Podemos repetir, Eddie? Por favor.
Treinta y cuatro minutos de vida. Eddie levantó la barra de seguridad, dio a cada niño un caramelo, recuperó su bastón y luego fue cojeando hasta el taller de mantenimiento para refrescarse. Hacía calor aquel día de verano. De haber sabido que su muerte era inminente, probablemente habría ido a otro sitio. Pero hizo lo que hacemos todos. Continuó con su aburrida rutina como si todavía estuvieran por venir todos los días del mundo.
Uno de los trabajadores del taller, un joven desgarbado de pómulos marcados que se llamaba Domínguez, estaba junto al depósito de disolvente; quitaba la grasa a un engranaje.
-Hola, Eddie -dijo.
-Dom -respondió Eddie.
El taller olía a serrín. Era oscuro y estaba atestado, tenía el techo bajo y en las paredes había ganchos de los que colgaban taladros, sierras y martillos. Por todos lados había partes del esqueleto de atracciones del parque: compresores, motores, cintas transporta- doras, bombillas, la parte de arriba de la cabeza de un pirata. Amontonados contra una pared había botes de café con clavos y tornillos, y amontonados contra otra pared, interminables botes de grasa.
Engrasar un eje, decía Eddie, no requería mayor esfuerzo mental que fregar un plato; la única diferencia era que cuando uno lo hacía se ponía más sucio, no más limpio. Y aquél era el tipo de trabajo que hacía Eddie: engrasar, ajustar frenos, tensar pernos, comprobar paneles eléctricos. Muchas veces había ansiado dejar aquel sitio, encontrar un trabajo distinto, iniciar otro tipo de vida. Pero vino la guerra. Sus planes nunca se llevaron a cabo. Con el tiempo se encontró con canas, los pantalones más flojos y aceptando, cansino, que él era ése y lo sería siempre, un hombre con arena en los zapatos en un mundo de risas mecánicas y salchichas a la plancha. Como su padre antes que él, como indicaba la etiqueta de su camisa, Eddie se ocupaba del mantenimiento, era el jefe de mantenimiento o, como a veces le llamaban los niños, «el hombre de las atracciones del Ruby Pier».

Quedaban treinta minutos.
-Oye, me he enterado de que es tu cumpleaños. Felicidades -dijo Domínguez.
Eddie gruñó.
-¿No haces una fiesta o algo?
Eddie le miró como si aquel tipo estuviera loco. Durante un momento pensó en lo extraño que era envejecer en un sitio que olía a algodón de azúcar.
-Bueno, acuérdate, Eddie, la semana que viene libro, a partir del lunes. Me voy a México.
Eddie asintió con la cabeza y Domínguez dio unos pasos de baile.
-Yo y Teresa. Vamos a ver a toda la familia. Una buena fiesta.
Dejó de bailar cuando se dio cuenta de que Eddie lo miraba fijamente.
-¿Has estado alguna vez? -dijo Domínguez.
-¿Dónde?
-En México.
Eddie echó aire por la nariz.
-Muchacho, yo nunca he estado en ninguna parte a la que no me mandaran con un fusil.
Siguió con la mirada a Domínguez, que volvía al fregadero. Pensó unos momentos. Luego sacó un pequeño fajo de billetes del bolsillo y apartó los únicos billetes de veinte que tenía, dos. Se los tendió.
-Cómprale algo bonito a tu mujer -dijo Eddie.
Domínguez miró el dinero, exhibió una gran sonrisa y dijo:
-Venga, hombre. ¿Estás seguro?
Eddie puso el dinero en la palma de la mano de Domínguez. Luego salió para volver a la zona de almacenamiento. Años atrás habían hecho un pequeño «agujero para pescar» en las tablas de la pasarela, y Eddie levantó el tapón de plástico. Tiró de un sedal de nailon que caía unos tres metros hasta el mar. Todavía tenía sujeto un trozo de mortadela.
-¿Pescamos algo? -gritó Domínguez-. ¡Dime que hemos pescado algo!
Eddie se preguntó cómo podría ser tan optimista aquel tipo. En aquel sedal nunca había nada.
-Cualquier día -gritó Domínguez- vamos a pescar un abadejo.
-Claro -murmuró Eddie, aunque sabía que nunca podrían pasar un pez por un agujero tan pequeño.

Veintiséis minutos de vida. Eddie cruzó la pasarela de madera hasta el extremo sur. No había mucho movimiento. La chica del mostrador de golosinas estaba acodada, haciendo globos con su chicle.
En otro tiempo el Ruby Pier era el sitio al que se iba en verano. Tenía elefantes y fuegos artificiales y concursos de bailes de resistencia. Pero la gente ya no iba tanto a los parques de atracciones del océano; iban a los parques temáticos, donde pagaban setenta y cinco dólares por entrar y les sacaban una foto con un personaje peludo gigante.
Eddie pasó renqueando junto a los autos de choque y clavó la mirada en un grupo de quinceañeros que se apoyaban en la barandilla. «Estupendo -pensó-. Justo lo que necesitaba.»
-Largo -dijo Eddie golpeando la barandilla con el bastón-. Venga. Eso no es seguro
Los quinceañeros le miraron enfadados. Las barras verticales de los coches chisporroteaban con la electricidad. Zzzap, zzzap.
-Eso no es seguro -repitió Eddie.
Los quinceañeros se miraron unos a otros. Un chico que llevaba un mechón naranja en el pelo hizo un gesto de burla a Eddie y luego se subió a la barandilla del centro.
-Venga, colegas, pilladme -gritó haciendo gestos a los jóvenes que conducían-. Pilladme.
Eddie golpeó la barandilla con tanta fuerza que el bastón casi se le parte en dos.
-¡Fuera!
Los chicos se marcharon.

Corría otra historia sobre Eddie. Cuando era soldado, entró en combate numerosas veces. Había sido muy valiente. Incluso ganó una medalla. Pero hacia el final de su tiempo de servicio se peleó con uno de sus propios hombres. Así fue como hirieron a Eddie. Nadie sabía qué le pasó al otro tipo. Nadie lo preguntó.

Cuando le quedaban diecinueve minutos en la tierra, Eddie se sentó por última vez en una vieja silla de playa de aluminio, con sus cortos y musculosos brazos cruzados en el pecho como las aletas de una foca. Sus piernas estaban rojas por el sol y en su rodilla izquierda todavía se distinguían cicatrices. La verdad es que gran parte del cuerpo de Eddie sugería que había sobrevivido a algún enfrentamiento. Sus dedos estaban doblados en ángulos imposibles debido a numerosas fracturas originadas por maquinaria variada. Le habían roto la nariz varias veces en lo que él llamaba «peleas de bar». Su cara de amplia mandíbula quizá había sido alguna vez armoniosa, del modo en que puede serlo la de un boxeador antes de recibir demasiados puñetazos.
Ahora Eddie sólo parecía cansado. Aquél era su puesto habitual en la pasarela del Ruby Pier, detrás de la Liebre, que en la década de 1980 fue el Rayo, que en la de 1970 fue la Anguila de Acero, que en la de 1960 fue el Pirulí Saltarín, que en la de 1950 fue Laff en la Noche, y que antes de eso fue la Pista de Baile Polvo de Estrellas.
Que fue donde Eddie conoció a Marguerite.

Toda vida tiene un instante de amor del de verdad. Para Eddie, el suyo tuvo lugar una cálida noche de septiembre después de una tormenta, cuando la pasarela de madera estaba lavada por la lluvia. Ella llevaba un vestido de algodón amarillo y un pasador rosa en el pelo. Eddie no habló mucho. Estaba tan nervioso que tenía la sensación de que la lengua se le había pegado a los dientes. Bailaron con la música de una gran orquesta, la orquesta de Delaney el Larguirucho y sus Everglades. La invitó a una limonada. Ella dijo que se tenía que ir antes de que se enfadaran sus padres. Pero cuando se alejaba, se volvió y le saludó con la mano.
Aquél fue el instante. Durante el resto de su vida, siempre que pensaba en Marguerite, Eddie veía aquel momento, a ella despidién- dose con la mano, el pelo oscuro cayéndole sobre un ojo, y sentía el mismo acelerón arterial de amor.
Aquella noche volvió a casa y despertó a su hermano mayor. Le dijo que había conocido a la chica con la que se iba a casar.
-Duérmete, Eddie -gruñó su hermano.
Sssh. Una ola rompió en la playa. Escupió algo que no quiso ver. Lo lanzó lejos.
Sssh. Antes pensaba mucho en Marguerite. Ahora ya no tanto. Ella era como una herida debajo de un antiguo vendaje, y él se había ido acostumbrando al vendaje.
Sssh.
¿Qué era herpes?
Sssh.
Dieciséis minutos de vida.


Ninguna historia encaja por sí sola. A veces las historias se tocan en los bordes y otras veces se tapan completamente una a otra, como piedras debajo de un río.
El final de la historia de Eddie quedó afectado por otra historia aparentemente inocente, de meses antes; una tarde con nubes en que un joven llegó al Ruby Pier con tres amigos.
El joven, que se llamaba Nicky, acababa de empezar a conducir y todavía no se sentía cómodo llevando un llavero. De modo que sacó únicamente la llave del coche y se la guardó en el bolsillo de la chaqueta, luego se ató la chaqueta a la cintura.
Durante las horas siguientes, él y sus amigos se subieron a todas las atracciones más rápidas: el Halcón Volador, el Amerizaje, la Caída Libre, la Montaña Rusa Fantasma.
-¡Sin manos! -gritó uno de ellos.
Alzaron las manos al aire.
Más tarde, cuando había oscurecido, volvieron al aparcamiento, agotados y entre risas, tomando cervezas que llevaban dentro de bolsas de papel de estraza. Nicky metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y buscó. Soltó un taco.
La llave había desaparecido.

Catorce minutos para su muerte. Eddie se secó la frente con un pañuelo. Allá en el océano, diamantes de luz del sol bailaban en el agua, y Eddie contempló su vivo movimiento. No había vuelto a estar bien de pie desde la guerra.
Pero volvió a la Pista de Baile Polvo de Estrellas con Marguerite; allí Eddie había sido tocado por la gracia. Cerró los ojos y se abandonó a la evocación de la canción que les había unido, la que Judy Garland cantaba en aquella película. Se mezclaba dentro de su cabeza con la cacofonía de las olas rompiendo y los niños gritando en las atracciones.
-Hiciste que te amara...
Ssshhh.
-Yo no quería...
Splllaaashhh.
-... amarte... Ssshhh.
-... siempre lo sabrás, y siempre...
Splllaaashhh.
-... lo sabrás...
Eddie notó las manos de ella en sus hombros. Apretó los ojos con fuerza para hacer más vivido el recuerdo.

Doce minutos de vida.
-Perdone.
Una niña, puede que de unos ocho años, estaba de pie delante de él, tapándole el sol. Tenía rizos rubios y llevaba sandalias, unos vaqueros cortados y una camiseta verde lima que llevaba un pato de dibujos animados en la parte de delante. Amy, pensó que se llamaba. Amy o Annie. Había estado por allí muchas veces aquel verano, aunque Eddie nunca vio a una madre o a un padre.
-Perdooone -repitió la niña-. ¿Eddie Mantenimiento?
Eddie soltó un suspiro.
-Sólo Eddie -dijo.
-¿Eddie?
-¿Sí?
-¿Puede hacerme...?
Unió las manos como si rezara.
-Vamos, niña. No tengo todo el día.
-¿Puede hacerme un animal? ¿Puede?
Eddie alzó la vista, como si tuviera que pensarlo. Luego se buscó en el bolsillo de la camisa y sacó tres limpiapipas amarillos que llevaba con aquel objetivo.
-¡Qué bien! -dijo la niña dando palmadas.
Eddie empezó a retorcer los limpiapipas.
-¿Dónde están tus padres?
-Montando en las atracciones.
-¿Sin ti?
La niña se encogió de hombros.
-Mamá está con su novio.
Eddie alzó la vista. Ah.
Dobló los limpiapipas en varios círculos pequeños, luego enrolló con cuidado los círculos uno en torno a otro. Ahora le temblaban las manos, de modo que le llevaba más tiempo que antes, pero los limpiapipas pronto tenían la forma de una cabeza, unas orejas, cuerpo y un rabo.
-¿Un conejo? -dijo la niña.
Eddie guiñó el ojo.
-¡Graaacias!
La niña se puso a dar vueltas, perdida en ese sitio donde los niños ni siquiera saben que se les mueven los pies. Eddie se volvió a secar la frente, luego cerró los ojos, se hundió en la silla de playa y trató de que la vieja canción le volviera a la cabeza.
Una gaviota graznó mientras pasaba volando por encima de él.

¿Como eligen las personas sus últimas palabras? ¿Se dan cuenta de su importancia? ¿Han sido señaladas por el destino para que sean inteligentes?
A sus ochenta y tres años Eddie había perdido a casi todos los que le habían importado. Unos murieron jóvenes, y a otros se les había dado la oportunidad de hacerse viejos antes de que una enfermedad o un accidente se los llevase. En sus funerales, Eddie escuchaba cómo los asistentes recordaban sus últimas palabras. «Es como si supiera que iba a morir...», decían algunos.
Eddie nunca lo creía. Por lo que sabía, cuando te tocaba, te tocaba, eso era todo. Podías decir algo inteligente al irte, pero también era posible que dijeras algo estúpido.
Que conste, las últimas palabras de Eddie serían:
-¡Atrás!

Éstos son los sonidos de los últimos minutos de Eddie en la tierra. Olas que rompen. El lejano estrépito de música de rock. El zumbido del motor de un pequeño biplano que lleva un anuncio a la cola. Y esto:
-¡Dios mío! ¡Miren!
Eddie notó que los ojos se le disparaban debajo de los párpados. Con los años, había llegado a familiarizarse con todos los ruidos del Ruby Pier y podía dormir a pesar de ellos como si fueran una canción de cuna.
Aquella voz no era de una canción de cuna.
-¡Dios mío! ¡Miren!
Eddie se puso de pie como impulsado por un resorte. Una mujer con brazos rollizos y con hoyuelos alzaba una bolsa de la compra y señalaba algo gritando. Un pequeño grupo se había reunido en torno a ella; todos miraban al cielo.
Eddie lo vio de inmediato. En la parte de arriba de la Caída Libre, la nueva atracción «caída de la torre», una de las vagonetas estaba inclinada en ángulo, como si intentara volcar su carga. Cuatro pasajeros, dos hombres y dos mujeres, sujetos únicamente por una barra de seguridad, se agarraban frenéticamente a lo que podían.
-¡Oh, Dios mío! -gritó la mujer gorda-. ¡Se van a caer!
Una voz graznó por la radio del cinturón de Eddie.
-¡Eddie! ¡Eddie!
Él pulsó el botón.
-¡Lo estoy viendo! ¡Llama a seguridad!
Personas que subían corriendo de la playa señalaban como si hubieran ensayado esa escena. «¡Mirad! ¡Allá arriba! ¡Una atracción se ha soltado!» Eddie agarró su bastón y fue cojeando hasta la valla de seguridad que rodeaba la base de la plataforma; el manojo de llaves sonaba contra su cadera. El corazón se le había desbocado.
En la Caída Libre dos vagonetas hacían un descenso de esos que revuelven el estómago y se detenía en el último instante debido a un chorro de aire hidráulico. ¿Cómo se habría soltado una vagoneta así? Estaba ladeada unos centímetros por debajo de la plataforma superior, como si hubiera empezado a bajar y luego hubiera cambiado de idea.
Eddie llegó a la puerta y tuvo que tomar aliento. Domínguez venía corriendo desde el taller y casi se estrelló contra él.
-¡Óyeme bien! -dijo Eddie agarrando a Domínguez por los hombros. Le apretaba con tanta fuerza que Domínguez hizo una mueca de dolor-. ¡Óyeme bien! ¿Quién está ahí arriba?
-Willie.
-Bien. Debe de haber accionado la parada de emergencia. Por eso está colgando la vagoneta. Sube por la escalerilla y dile que libere manualmente la sujeción de seguridad para que esas personas puedan salir. ¿Vale? Está al fondo de la vagoneta, así que vas a tener que sujetarlo mientras él se estira. ¿Entendido? Luego..., luego los dos... Los dos, no uno solo, ¿lo entiendes?, los dos sacáis a esa gente. Uno sujeta al otro. ¿Entendido?
Domínguez asintió rápidamente con la cabeza.
-¡Después mandad esa puñetera vagoneta abajo para que podamos saber lo que pasó!
La cabeza de Eddie latía. Aunque en su parque nunca había habido accidentes importantes, conocía terribles historias relaciona- das con su profesión. Una vez, en Brighton, un perno se desenroscó de una góndola y dos personas cayeron y se mataron. Otra vez, en el Parque de las Maravillas, un hombre había intentado cruzar el carril de una montaña rusa; cayó y quedó sujeto por los sobacos. Quedó encajado y empezó a chillar al ver que las vagonetas iban a toda velocidad hacia él y... Bueno, fue horrible.
Eddie se quitó aquello de la mente. Ahora había gente a su alrededor, tapándose la boca con la mano, mirando cómo Domínguez trepaba por la escalerilla. Eddie trató de recordar las entrañas de la Caída Libre. «Motor. Cilindros. Hidráulica. Juntas. Cables.» ¿Cómo se podía soltar una vagoneta? Siguió visualmente la atracción, desde las cuatro personas aterradas de la cima, bajando por el eje, hasta la base. «Motor. Cilindros. Hidráulica. Juntas. Cables.»
Domínguez llegó a la plataforma superior. Hizo lo que Eddie le había dicho, agarró a Willie mientras éste se estiraba hacia la parte de atrás de la vagoneta para soltar la sujeción. Una de las ocupantes se lanzó hacia Willie y casi lo echó fuera de la plataforma. La multitud contuvo el aliento.
-Espera... -se dijo Eddie a sí mismo.
Willie probó de nuevo. Esta vez logró accionar el dispositivo de seguridad.
-El cable -murmuró Eddie.
La barra se levantó y la multitud soltó un:
-Oooh.
Llevaron rápidamente a los ocupantes a la plataforma.
-El cable se está rompiendo...
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Eddie tenía razón. En el interior de la base de la Caída Libre, oculto a la vista, el cable que subía a la vagoneta número 2 había estado rozando durante los últimos meses en una polea bloqueada, que había ido serrando los hilos de acero del cable -como si pelara una espiga de trigo- hasta que prácticamente estuvieron cortados. Nadie lo había notado. ¿Cómo lo iban a notar? Sólo una persona que hubiera reptado dentro del mecanismo podría haber visto la improbable causa del problema.
La polea estaba bloqueada por un objeto pequeño que debía de haber caído por la abertura en algún momento.
Una llave de coche.

-¡No sueltes la vagoneta! -gritó Eddie. Hacía gestos con las manos-. ¡Oye! ¡Oooye! ¡Es el cable! ¡No sueltes la vagoneta! ¡Se partirá!
La multitud apagó su voz. Vitoreaba enfebrecida mientras Willie y Domínguez descargaban al último ocupante. Los cuatro estaban a salvo. Se abrazaban encima de la plataforma.
-¡Dom! ¡Willie! -gritaba Eddie. Una persona chocó contra su cintura, tirando su walkie-talkie al suelo. Eddie se dobló para recogerlo. Willie fue a los controles. Puso el dedo encima del botón verde. Eddie alzó la vista.
-¡No! ¡No! ¡No! ¡No hagas eso!
Eddie se volvió hacia la multitud.
-¡Atrás!
Algo de la voz de Eddie debía de haber atraído la atención de la gente; dejaron de soltar vítores y empezaron a dispersarse. Se hizo un claro debajo de la Caída Libre.
Y Eddie vio la última cara de su vida.
Caída encima de la base metálica de la atracción, como si alguien la hubiera tirado allí, la nariz moqueándole y las lágrimas llenándole los ojos, estaba la niña con el animal hecho con limpiapipas. ¿Amy? ¿Annie?
-Mami..., mamá..., mamá -balbuceaba, casi rítmicamente, paralizada, como los niños cuando lloran.
-Mami... Mamá..., mami... Mamá...
La mirada de Eddie saltó de ella a las vagonetas. ¿Tenía tiempo? Ella y las vagonetas...
Whump. Demasiado tarde. Las vagonetas caían... «¡Dios santo, ha soltado el freno!» Para Eddie todo sucedió como a cámara lenta. Dejó caer su bastón e hizo esfuerzos con su pierna mala hasta que notó una descarga de dolor que casi lo hizo caer. Un gran paso. Otro paso. Dentro de la caja de la Caída Libre, se rompió el último hilo del cable y destrozó la conducción hidráulica. La vagoneta número 2 ahora caía como un peso muerto, nada la podría detener, una roca cayendo por un despeñadero.
En aquellos momentos finales, a Eddie le pareció oír el mundo entero: gritos lejanos, olas, música, una ráfaga de viento, un sonido grave, intenso y feo que, comprendió, era su propia voz que le perforaba el pecho. La niña alzó los brazos. Eddie se lanzó. Su pierna mala le falló. Medio volando, medio tambaleándose avanzó hacia la pequeña y cayó en la plataforma metálica, que desgarró su camisa y le abrió la carne, justo debajo de la etiqueta en la que se leía «EDDIE» y «MANTENIMIENTO». Notó dos manos en la suya, dos manos pequeñas.
Hubo un gran impacto.
Un cegador relámpago de luz.
Y después, nada.



EL CUMPLEAÑOS DE EDDIE ES HOY


Década de 1920. En un hospital atestado de uno de los barrios más pobres de la ciudad, el padre de Eddie fuma pitillos en la sala de espera, donde hay otros padres que también fuman. La enfermera entra con una tablilla con pinza. Dice su nombre. Lo pronuncia mal. Los demás hombres sueltan humo. ¿Y bien?
Él levanta la mano.
-Felicidades -dice la enfermera.
La sigue por el pasillo hasta la sala de los recién nacidos. Sus zapatos hacen un ruido seco contra el suelo.
-Espere aquí-dice la enfermera.
Por el cristal ve que ella comprueba los números de las cunas de madera. Pasa delante de una, no es la suya, de otra, no es la suya, de otra, no es la suya, de otra, no es la suya.
Se detiene. Allí. Debajo de la manta. Una cabeza diminuta con un gorrito azul. Comprueba su tablilla con pinza otra vez, luego señala.
El padre respira pesadamente, asiente con la cabeza. Durante un momento su cara parece desmoronarse, como un puente que se hundiera en un río. Luego sonríe.
El suyo.

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por •Joker el Lun Ene 27, 2014 8:30 pm

Saludos, como recién estoy explorando el foro como se debe, no sé si está tarde para participar.....si es tarde esperaré a otra lectura, sino espero poder alcanzarlas en el capítulo dos...hasta eso trataré de leer

un saludo

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por Haelicious el Lun Ene 27, 2014 8:46 pm

Yo estaría encantada de participar. Me gustaría saber si aún puedo o si tendría que esperar hasta la próxima sesión.
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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por ミJuÚ♥ el Miér Ene 29, 2014 9:09 am

Ya me leí el capítulo y sinceramente, no pensé que sería algo así. Me gustó desde la primera a la última palabra, y no lloré porque soy una maldita sin sentimientos. Pero juro que ganas no me faltaron. La trama es muy interesante, de hecho me encantan este tipo de libros que son tan... ¿como decirlo? bueno, los que dan tanto que pensar. En un momento, cuando decía por ahí algo sobre las últimas palabras, "¿Como eligen las personas sus últimas palabras? ¿Se dan cuenta de su importancia? ¿Han sido señaladas por el destino para que sean inteligentes?" Sinceramente, esto me dio mucho que pensar, yo siempre me pregunto porqué dan tanta importancia a las últimas palabras de alguien... yo no creo que sean tan importantes estas, pero siempre está mejor que alguien te haya dedicado unas buenas palabras antes de morir que unas maldiciéndote.

Sobre la narrativa del autor ya dije, me cautivó desde un principio, así que tiene que ser buena. Usualmente no sigo un libro si la manera de escribir del autor me parece aburrida, y ésta sin duda no lo es. Otra cosa, el personaje principal me pareció muy solitario -quizá tenga una mala visión y entendí mal, no sé- pero me dio algo de pena. Por parte de la trama, la veo bastante sencilla de entender, o al menos eso creo yo (? Estaré esperando el próximo capítulo... con lo que leí por ahora, y con el titulo del libro puedo imaginarme un poco lo que vendrá ahora.

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por Elfnamorada el Sáb Feb 01, 2014 1:53 pm

¡Lo he leído!
Yo soy cero original, así que copiaré tus sugerencias y comentaré según formulario. Así de paso, llevo algo de orden conforme las demás intervenciones posteriores.

Expectativas sobre el primer capítulo
Te miento si te digo que tenía alguna en realidad. Esperaba que no me aburriera, si llamamos a eso una expectativa real. Pero nada más.

¿Qué te pareció el primer capítulo?
¡Mortal! Valga la ironía de la exclamación. Creo que esta historia tiene una receta increíble del manejo de la situación. Me llegó a desesperar mucho con el conteo regresivo. Veía en cada rincón una situación de posible peligro. Pensaba en seguida, será que una de las herramientas le cayó encima, será que se cae de la Montaña Rusa por salvar a un niño. ¡Qué! ¡¿Qué?!

El estilo narrativo del autor
Aquí me coges en curva. No sé bien de clasificar narrativas. Creo que es bastante limpio, si eso sirve para describirlo. Me gusta cómo intercepta pedazos de vida pasada en medio de la presente, a través de referencias o de sueños o de recuerdos que lo invaden en medio de un descanso. Me gusta que no se pierda en la descripción exacta y pormenorizada de todo lo que rodee al personaje, de esta forma no aburre y solo entrega los datos que necesitemos para hacernos la idea de dónde debemos ubicarnos con cada quien.

¿Se entiende bien la obra o resulta complicada?
Pues es el primer capítulo. Tiene frases que pueden retumbar en la cabeza algún tiempo (sobretodo eso de ¿qué hacemos los últimos minutos antes de morir?)

¿Qué te parece el personaje principal?
¿Eddie? Todo un misterio.

¿Alguna cita o citas que quieras compartir?
Creo que tres:
De haber sabido que su muerte era inminente, probablemente habría ido a otro sitio. Pero hizo lo que hacemos todos. Continuó con su aburrida rutina como si todavía estuvieran por venir todos los días del mundo.

Ninguna historia encaja por sí sola. A veces las historias se tocan en los bordes y otras veces se tapan completamente una a otra, como piedras debajo de un río.

¿Como eligen las personas sus últimas palabras? ¿Se dan cuenta de su importancia? ¿Han sido señaladas por el destino para que sean inteligentes?

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por •Joker el Dom Feb 02, 2014 10:55 am

Bueno tomaré la plantilla, ya que es la forma de guiarme, no soy buen reseñando y comentaré ambos caps

Expectativas sobre el primer y segundo capítulo
Pues esperaba que me enganche, el empezar por el final es realmente un buen recurso. Hacer retrospectiva fue interesante
y hacer flashbacks sobre su infancia y nacimiento es como ver como tu vida pasa por tus ojos. Recordar y arrepentirte de lo que pudiste haber hecho o de lo que hiciste

¿Qué te pareció el primer capítulo?
Pues estrenaste por como contaba los minutos y a la vez algo aterrador, pensar que te quedan una o dos horas de vida es terrible, sobre todo cuando todos vivimos en la rutina. No creo que pueda superar que alguien de esa edad haya muerto de esa forma a pesar de ser ficción.

En cuanto al segundo fue un flashback con el que me quedé como WHAT! en que momento llegamos al momento de su nacimiento?

El estilo narrativo del autor
Pues llevadero, me gusta que usa la tercera persona, me permite entender mejor a cada personaje y no centrarme en uno.

¿Se entiende bien la obra o resulta complicada?
Hasta ahora no, es llevadera y sencilla hay que ver como se pone al pasar los capítulos

¿Qué te parece el personaje principal?
Eddie, paradójicamente simple y a la vez complejo

¿Alguna cita o citas que quieras compartir?
¿Como eligen las personas sus últimas palabras? ¿Se dan cuenta de su importancia? ¿Han sido señaladas por el destino para que sean inteligentes?

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por Elfnamorada el Miér Feb 05, 2014 11:01 pm

Una vez concluida la fecha para hacer el análisis del primer capítulo, paso a postear el segundo.

Este círculo de lectura lo lidera Piruleta:. quien marca las fechas topes, pero por ahora se ha visto impedida de acercarse al thread. Como sea, dejo en ella indicar el siguiente plazo para el encuentro.

No obstante, podemos ir adelantándonos en la lectura. Sé que algunas de ustedes, posiblemente, estén mucho más avanzadas de lo que estoy yo, ya que voy leyendo según se indica acá. Tal vez luego me emocione mucho y me los quiera lanzar de un tirón. Pero creo que es considerable ir avanzando conforme los plazos que se establecen, así todas vamos en la "misma página" Very Happy

Sin más lata de mi parte, aquí el segundo capítulo:

Capítulo 2:
El viaje

Eddie no vio nada de su momento final en la tierra, ni del parque de atracciones, ni de la multitud, ni de la vagoneta de fibra de cristal destrozada.

En las historias sobre la vida después de la muerte, muchas veces el alma flota por encima del momento del adiós, vuela sobre los coches de la policía en los accidentes de carretera, o se agarra como una araña a los techos de la habitación del hospital. Ésas son las personas a las que se concede una segunda oportunidad, las que por alguna razón recuperan su lugar en el mundo.

Eddie, parecía, no tendría una segunda oportunidad.

¿Dónde...?
¿Dónde...?
¿Dónde...?

El cielo era una neblinosa sombra de color calabaza, luego turquesa intenso, luego lima brillante. Eddie estaba flotando y sus brazos todavía estaban extendidos.

¿Dónde...?

La vagoneta de la torre caía. Eso él lo recordaba. La niña -;Amy? ¿Annie?- lloraba. Eso él lo recordaba. Recordaba que él se había lanzado hacia ella. Recordaba que él se golpeaba contra la plataforma. Notaba dos manitas en las suyas.

¿Luego qué?
¿La salvó?

Eddie sólo podía imaginarlo, como si hubiera pasado años atrás. Forastero todavía, no sentía ninguna de las emociones que se experimentan en tales ocasiones. Sólo sentía calma, como un niño acunado en los brazos de su madre.

¿Dónde...?

El cielo que le rodeaba volvió a cambiar, primero a un amarillo de pomelo, luego a un verde de bosque, luego a un rosa que momentáneamente Eddie asoció con, qué sorpresa, algodón de azúcar.

¿La salvó?
¿Estaba viva?
¿Dónde...
... está mi preocupación?
¿Dónde está mi dolor?

Era eso lo que echaba en falta. Todo el daño que había sufrido alguna vez, todo el dolor que alguna vez había soportado; todo eso había desaparecido como una expiración. No sentía la agonía. No sentía tristeza. Notaba su conciencia humeante, ascendiendo en espiral, incapaz de nada excepto calma. Ahora, por debajo de él, los colores volvieron a cambiar. Algo hacía remolinos. Agua. Un océano. Flotaba sobre un enorme mar amarillo. Ahora se volvía de color melón. Ahora era azul como un zafiro. Ahora él empezaba a caer, precipitándose hacia la superficie. Todo fue más rápido de lo que él había imaginado nunca, y, sin embargo, no sintió la brisa en su cara, y tampoco tuvo miedo. Vio la arena de una orilla dorada.

Luego estaba bajo el agua.
Luego todo estaba en silencio.

¿Dónde está mi preocupación?
¿Dónde está mi dolor?


EL CUMPLEAÑOS DE EDDIE ES HOY
Tiene cinco años. Es un domingo por la tarde en el Ruby Pier. Hay mesas plegables dispuestas en la pasarela de madera que se levanta junto a la alargada playa blanca. Hay una tarta de vainilla con velas azules y una jarra de zumo de naranja. Los empleados del parque de atracciones se mueven en las cercanías; los charlatanes, los teloneros, los cuidadores de animales, algunos de los del criadero de peces. El padre de Eddie, como de costumbre, participa en una partida de naipes. Eddie juega a sus pies. Su hermano mayor, Joe, está haciendo ejercicios gimnásticos delante de un grupo de mujeres mayores, que fingen interés y aplauden educadamente.

Eddie lleva puesto su regalo de cumpleaños: un sombrero rojo de vaquero y una cartuchera de juguete. Se levanta y corre de un grupo a otro, saca la pistola de juguete y dice:

-¡Bang, bang!

-Ven aquí, chico. -Mickey Shea le hace señas desde un banco cercano.

-Bang, bang -dice Eddie.

Mickey Shea trabaja con el padre de Eddie reparando las atracciones. Es gordo, usa tirantes y siempre está cantando canciones irlandesas. A Eddie le huele raro, como el jarabe para la tos.

-Ven. Deja que te dé los coscorrones por tu cumpleaños—dice-. Como hacemos en Irlanda.

De repente, los largos brazos de Mickey están debajo de los sobacos de Eddie y le levantan, luego le dan la vuelta y queda colgando por los pies. El sombrero de Eddie cae al suelo.

-¡Cuidado, Mickey! -grita la madre de Eddie, y su padre alza la vista, sonríe y luego vuelve a su partida de cartas.

-Jo, jo. Le tengo -dice Mickey-. Ahora un coscorrón por cada año.
Mickey baja a Eddie con cuidado, hasta que la cabeza roza contra el suelo.

-¡Uno!

Mickey vuelve a alzar a Eddie. Los demás se les unen riendo. Gritan:

-¡Dos...! ¡Tres...!

Boca abajo, Eddie no está seguro de quién es. La cabeza le empieza a pesar.

-¡Cuatro...! -gritan-. ¡Y cinco!

Lo levantan, queda cabeza arriba y lo dejan en el suelo. Todos aplauden. Eddie agarra su sombrero y luego da un traspié. Se levanta, va tambaleándose hasta Mickey Shea y le da un puñetazo en el brazo.

-Jo, jo! ¿Y eso por qué, hombrecito? -dice Mickey. Todos se ríen. Eddie se vuelve y se aleja corriendo, tres pasos, antes de encontrarse en los brazos de su madre.

-¿Estás bien, mi querido cumpleañero?-Ella sólo está a unos centímetros de su cara. Él ve sus labios pintados de un rojo intenso, sus regordetas mejillas suaves y la onda de su pelo castaño.

-Estaba al revés -le cuenta él.

-Ya lo vi -dice ella.

Le vuelve a poner el sombrero en la cabeza. Más tarde dará un paseo con él por el parque, a lo mejor lo lleva a que se suba a un elefante, o a ver a los pescadores del muelle que recogen sus redes al caer la tarde, con los peces dando saltos como brillantes monedas mojadas. Ella le llevará cogido de la mano y le dirá que Dios está orgulloso de él por ser un niño bueno el día de su cumpleaños, y eso hará que el mundo parezca que esté otra vez como debe.

Estando en el segundo capítulo, algunas pautas para comentar:
○ ¿Qué te pareció el capítulo?
○ ¿Qué sientes por el protagonista de la historia hasta el momento? ¿Cómo crees que se va desarrollando su personaje?
○ ¿Qué sentiste al momento en que el protagonista se hacía aquellas preguntas finales?
○ ¿Qué sientes o qué piensas cuando vas conociendo el pasado de Eddie, a través de los pequeños flashbacks al final del capítulo?
○ ¿Hay un personaje que te intrigue, aparte del protagonista?
○ ¿Puedes anotar la/s frase/s que más te haya gustado y contarnos por qué la/s elegiste?

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por ミJuÚ♥ el Sáb Feb 08, 2014 4:27 am

Primero, el capítulo me pareció muy raro y sinceramente, no he entendido muy bien el porqué. Que volviera a ser pequeño es algo raro, algo que no entiendo muy bien, aún si es un flashback no entiendo el porque de ponerlos ahí. Y yo me pregunto lo mismo que él, ¿salvó a la niña? En fin, es interesante ver como se desarolla esto. Cuando se hace tantas preguntas mentales, "¿Dónde está mi preocupación? ¿Dónde está mi dolor?" estas me gustaron/sorprendieron, el porqué no lo sé... solo quiero saber el porque no siente o no tiene preocupación.

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

Mensaje por Piruleta:. el Miér Feb 12, 2014 5:58 pm

Hola, chicas!

Vengo a ponerme al corriente.

El primer capítulo, la primer ocasión que lo leí quedé un poco intrigada con saber sí ha salvado a la niña, o no. Y ese conteo hacia el final de su vida resultó sumarle tensión al momento final.

En primera instancia, no sabemos mucho de Eddie y es difícil saber si me puede llegar a agradar o no. Los párrafos a la retrospectiva de su vida hasta, me parecen interesantes. Después de todo, las acciones de las personas a lo largo de toda su vida, derivan a lo que -según la creencia religiosa popular- te toca recibir después de la muerte. Ya sea el castigo o el descanso eterno.

El segundo capítulo es un poco difuso pero estamos de acuerdo en que se trata precisamente de un viaje espiritual o al menos es lo que entiendo y las cosas se irán aclarando en el futuro.

Aprovecho para agradecer a ELfnamorada haber posteado el capítulo 2. El próximo capítulo lo subo para el 17 de febrero ^^

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Re: Las Cinco Personas que Encontrarás en el Cielo

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